En oncología, la seguridad del paciente se construye a lo largo de todo el proceso asistencial, desde la confirmación del diagnóstico hasta la administración del tratamiento. Y si bien cada etapa puede introducir un error, también puede ofrecer una oportunidad para detectarlo y corregirlo antes de que llegue al paciente.
Esa concepción forma parte del modelo de atención que el Instituto Oncológico Henry Moore (IOHM) desarrolla desde hace más de 27 años y que el Dr. Ernesto Gil Deza, director de Investigación y Docencia, sistematiza en el quinto informe de SÍNTESIS (disponible acá)dedicado precisamente a la seguridad del paciente oncológico y abordado con una premisa: para prevenir daños evitables no alcanza con confiar en la experiencia individual; es necesario diseñar sistemas capaces de prevenir, detectar y corregir errores.
El informe representa este proceso como una «cascada» de errores: comienza en el diagnóstico y puede continuar en la selección del tratamiento, la indicación, la prescripción, la preparación y, finalmente, la administración. La seguridad consiste entonces en colocar barreras sucesivas a lo largo de esa cadena.
Un sistema de controles
El modelo desarrollado por el IOHM se estructura en 15 componentes que actúan sobre distintos momentos de la atención. Incluye la revisión de la anatomía patológica, la historia clínica única, la asignación de un médico personal, las guías terapéuticas, el comité de tumores, la prevención cuaternaria y el consentimiento informado.
A estos se suman la prescripción informatizada, la contrastación de cada indicación con las guías actualizadas y la auditoría de las prescripciones, la taxonomía de los errores oncológicos, el doble control de la indicación terapéutica, el control de la administración de los tratamientos, el comité de nuevas drogas, la auditoría general del sistema y la comunicación del error médico.
La secuencia tiene una lógica: cada instancia aporta una capa adicional de seguridad sin dejar de asumir que el profesional puede equivocarse, pero reconociendo que el error forma parte de la condición humana y que los sistemas asistenciales deben estar diseñados para detectarlo.
El proceso empieza antes de prescribir
Uno de los primeros puntos de control es el diagnóstico. En el IOHM, la revisión de la anatomía patológica forma parte del modelo de seguridad porque una decisión terapéutica solo puede ser tan adecuada como el diagnóstico que la sustenta.
El Quinto Informe recupera la experiencia acumulada por la institución en la revisión sistemática de biopsias. En un estudio realizado sobre 489 pacientes diagnosticados, 21 resultados fueron modificados luego de una segunda evaluación anatomopatológica. Las diferencias incluyeron falsos positivos y cambios en el tipo histológico o el grado de invasión, con consecuencias potenciales sobre la decisión clínica.
A partir de allí, la historia clínica única, la revisión de antecedentes y medicamentos, las guías terapéuticas y la discusión en un comité de tumores agregan nuevas instancias de evaluación antes de definir una conducta.
También la llamada prevención cuaternaria ocupa un lugar en esta estrategia: revisar qué medicamentos recibe el paciente, por qué fueron indicados y cuáles continúan siendo necesarios permite disminuir la polifarmacia y evitar daños derivados de intervenciones médicas innecesarias.
Prescribir también es un acto de seguridad
La prescripción constituye otro punto crítico. La incorporación de herramientas informáticas mejora la claridad, legibilidad e integridad de las indicaciones, pero el sistema no puede descansar únicamente en la tecnología. Como advierte Gil Deza en el informe, una indicación electrónica incorrecta también puede reproducirse en prescripciones posteriores. Por eso, toda prescripción debe ser revisada.
En el modelo del IOHM, la auditoría contrasta la indicación con las guías más actualizadas y permite identificar desvíos, lo que no significa considerar automáticamente todo apartamiento de una guía como un error, entendiendo que una modificación deliberada puede responder a las características particulares de un paciente. El objetivo de la auditoría es precisamente distinguir una decisión clínica fundamentada de un desvío no intencional.
La experiencia acumulada muestra el valor de este control. Según el informe, cuando las prescripciones no se contrastan con guías recomendadas, aproximadamente un tercio presenta algún desvío; cuando existe un sistema de control, la proporción se reduce a alrededor del 10%. Además, la auditoría permite evitar gastos innecesarios asociados a indicaciones que no encuentran respaldo en las recomendaciones vigentes.
La última barrera
La cadena de seguridad no termina con la prescripción y el tratamiento debe atravesar nuevos controles antes de ser administrado. Esa última barrera es la que está antes de que el tratamiento llegue al paciente.
La experiencia del IOHM muestra la importancia de la participación del equipo de enfermería en esta etapa y así lo demuestra un análisis de 5.015 tratamientos administrados a 2.492 pacientes donde se detectaron 45 errores de prescripción antes de la administración. Todos fueron corregidos antes de que la medicación llegara al paciente y no se registraron errores en la preparación ni en la administración.
Para Gil Deza, este resultado también muestra que la seguridad requiere una cultura institucional en la que todos los integrantes del equipo puedan advertir, comunicar y corregir una anomalía. La prevención, además de contar con protocolos, necesita entrenamiento, participación y un entorno que favorezca la comunicación de los errores.
Seguridad como cultura institucional
El modelo del IOHM es el reflejo de que la seguridad no es una etapa del tratamiento, sino una propiedad del sistema de atención. Diagnóstico, decisión terapéutica, prescripción, auditoría, preparación y administración forman parte de una misma cadena. Cada control busca que una eventual falla no avance hacia la siguiente instancia y que, si logra atravesarla, exista una nueva oportunidad para detectarla.
Es una forma de entender la calidad asistencial que combina conocimiento médico, protocolos, tecnología, auditoría y trabajo en equipo. Y que parte de la premisa de que ningún profesional es infalible. Por eso, la seguridad del paciente se sostiene construyendo sistemas confiables que hagan posible detectar y corregir el error antes de que produzca daño.
