La piel bajo el sol: prevención, control y detección temprana

La piel bajo el sol: prevención, control y detección temprana

La piel cumple funciones esenciales para el organismo: actúa como barrera frente a infecciones y lesiones, regula la temperatura corporal y participa en la síntesis de vitamina D. Sin embargo, la exposición sostenida y sin protección a la radiación ultravioleta (UV), proveniente principalmente del sol, puede dañar sus células y favorecer el desarrollo de cáncer de piel.

Entre los distintos tipos de cáncer cutáneo, el melanoma ocupa un lugar particular. Aunque no es el más frecuente, es el que provoca la mayor cantidad de muertes dentro de la dermatología oncológica. Su comportamiento altamente impredecible contribuye además a que siga siendo un problema subestimado.

En la práctica clínica, el contraste es evidente. Mientras los cánceres de piel no melanoma -estrechamente vinculados a la exposición solar acumulada- aparecen de manera habitual en los consultorios y suelen tener una evolución más previsible, el melanoma es menos frecuente pero mucho más complejo. Se trata de un tumor con una elevada carga genética, caracterizado por una gran cantidad de mutaciones, lo que explica en parte su evolución incierta.

Esta imprevisibilidad obliga a un seguimiento prolongado. Incluso en casos diagnosticados en etapas iniciales, pueden registrarse recaídas o metástasis muchos años después, mientras que otros pacientes conviven durante largos períodos con enfermedad avanzada. Por ese motivo, más que de curación definitiva, en el melanoma se habla de control permanente.

Si bien el cuidado de la piel debe mantenerse durante todo el año, en los meses de verano -cuando aumentan las actividades al aire libre- resulta indispensable reforzar las medidas de protección y adoptar hábitos responsables frente al sol.

La protección solar como hábito cotidiano

Incorporar la protección solar a la rutina diaria permite prevenir las quemaduras solares y disminuir la probabilidad de desarrollar cáncer de piel. Organismos internacionales como el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) destacan la importancia de la concientización y recomiendan medidas simples y accesibles, fáciles de incorporar incluso en contextos recreativos:

  • Camisas livianas de manga larga o salidas de baño.
  • Sombreros de ala ancha que cubran rostro, cabeza, orejas y cuello.
  • Lentes de sol con protección de amplio espectro contra rayos UVA y UVB.
  • Protector solar con factor de protección (FPS) 15 o superior, aplicado en todas las zonas expuestas.

En la misma línea, el Ministerio de Salud de la Nación aconseja evitar la exposición directa al sol entre las 10 y las 16 horas, permanecer en espacios con sombra, priorizar prendas holgadas y de colores claros y extremar los cuidados en niños y niñas. En bebés menores de un año se recomienda evitar completamente la exposición solar.

Cáncer de piel: frecuente y prevenible

El cáncer de piel se origina cuando las células cutáneas crecen de manera anormal, generalmente como consecuencia del daño acumulado por la radiación ultravioleta. La piel puede sufrir lesiones en pocos minutos de exposición sin protección, incluso en días nublados o frescos, ya que el daño depende de la radiación y no de la temperatura ambiente.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 se registraron más de 1,5 millones de nuevos diagnósticos de cáncer de piel en el mundo y cerca de 60.000 muertes asociadas. Estas cifras reflejan la magnitud del problema, pero también una oportunidad: la mayoría de los casos podría prevenirse mediante conductas de cuidado sostenidas en el tiempo.

Entre los principales tipos de cáncer de piel se encuentran el carcinoma basocelular, el carcinoma espinocelular y el melanoma, este último responsable de la mayor parte de la mortalidad asociada a esta patología. Aunque las personas de piel clara presentan mayor riesgo, el cáncer de piel puede afectar a cualquier individuo.

Prevención y detección temprana

A diferencia de otros tumores, el cáncer de piel tiene una ventaja clave: es visible. Sin embargo, esa accesibilidad no siempre se traduce en un diagnóstico precoz. La observación periódica de la piel y la consulta médica ante la aparición de una lesión nueva, una llaga que no cicatriza o cambios en lunares preexistentes resultan fundamentales.

Desde el Instituto Oncológico Henry Moore recomendamos acudir al profesional de salud ante cualquier alteración cutánea. La detección temprana mejora significativamente el pronóstico y amplía las posibilidades terapéuticas, especialmente en el melanoma.

Proteger la piel es una decisión cotidiana que impacta directamente en la salud y en la calidad de vida a largo plazo.