Hasta cuatro de cada diez casos de cáncer podrían prevenirse

Hasta cuatro de cada diez casos de cáncer podrían prevenirse

Vacunas, estudios de detección temprana y hábitos saludables pueden reducir significativamente el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer. Qué dice hoy la evidencia científica y cuáles son las medidas que hacen la diferencia.

“Me tocó”, suele escucharse entre quienes reciben un diagnóstico de cáncer. Y aunque es cierto que muchos tumores aparecen por causas que aún no pueden explicarse completamente, la ciencia viene demostrando desde hace años que una parte importante de los casos podría evitarse.

Según estimaciones del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI), la American Cancer Society y otros organismos internacionales, alrededor del 40 % de los cánceres están relacionados con factores modificables, es decir, con exposiciones o conductas sobre las que es posible intervenir.

La buena noticia es que prevenir el cáncer no depende de una única acción extraordinaria. En muchos casos comienza con decisiones cotidianas: no fumar, mantener un peso saludable, vacunarse, protegerse del sol y realizar los controles médicos recomendados para cada etapa de la vida.

Los cánceres que hoy pueden prevenirse

No todos los tumores son prevenibles, pero sí muchos de los más frecuentes.

El ejemplo más claro es el cáncer de cuello de útero. Hoy se sabe que prácticamente todos los casos están asociados a la infección persistente por algunos tipos del Virus del Papiloma Humano (HPV), una infección muy frecuente que puede prevenirse mediante la vacunación y detectarse precozmente con los estudios de tamizaje.

También es posible reducir el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal. La particularidad de este tumor es que suele originarse a partir de pólipos, lesiones benignas que pueden identificarse y extraerse durante una colonoscopía antes de que evolucionen hacia un cáncer.

En el caso del cáncer de hígado, la vacunación contra la hepatitis B disminuye el riesgo de infección crónica y, en consecuencia, la posibilidad de desarrollar un tumor hepático años después.

Por otra parte, evitar el tabaquismo sigue siendo la medida preventiva más eficaz contra el cáncer de pulmón, responsable de una importante proporción de las muertes por cáncer en todo el mundo. También disminuye el riesgo de tumores de laringe, cavidad oral, esófago, vejiga, riñón, páncreas y otros órganos.

El rol de las vacunas

Cuando se habla de vacunas, pocas personas piensan en prevención oncológica y sin embargo, existen inmunizaciones capaces de evitar infecciones que, con el tiempo, pueden favorecer el desarrollo de determinados tumores.

La vacuna contra el HPV representa uno de los mayores avances en prevención del cáncer de las últimas décadas. Además de reducir drásticamente el riesgo de cáncer de cuello uterino, protege frente a una parte importante de los cánceres de ano, pene, vulva, vagina y orofaringe relacionados con este virus.

Otra estrategia consolidada es la vacunación contra la hepatitis B, que disminuye la incidencia de cáncer hepático al prevenir una de sus principales causas.

Durante el último Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), especialistas volvieron a destacar que aumentar la cobertura de vacunación y mejorar el acceso a los programas de tamizaje continúa siendo una de las intervenciones con mayor impacto potencial para reducir la carga mundial de cáncer en las próximas décadas.

Detectar antes también es prevenir

La prevención no consiste únicamente en evitar que aparezca un tumor; también implica encontrarlo cuando todavía no produce síntomas y las posibilidades de tratamiento y curación son mayores.

Por eso, las principales sociedades científicas recomiendan realizar estudios de detección temprana en personas con determinadas edades o factores de riesgo.

Entre ellos se encuentran la mamografía para el cáncer de mama; el test de HPV y/o el Papanicolaou para la prevención del cáncer de cuello uterino; y el tamizaje para cáncer colorrectal, que puede incluir el test de sangre oculta en materia fecal y la colonoscopía, según la edad, los antecedentes personales y familiares y las recomendaciones médicas.

En personas con antecedentes hereditarios o mayor riesgo, los controles pueden comenzar antes o incluir estudios específicos.

Los hábitos que más influyen

Aunque no existe una fórmula capaz de eliminar completamente el riesgo de cáncer, la evidencia científica es consistente respecto de cuáles son las conductas que ofrecen mayor protección.

No fumar continúa siendo la medida más importante. A ello se suman mantener un peso adecuado, realizar actividad física con regularidad, llevar una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, limitar el consumo de alcohol, reducir la ingesta de carnes procesadas, proteger la piel de la radiación ultravioleta y cumplir con el calendario de vacunación.

Cada una de estas medidas aporta una reducción parcial del riesgo. Combinadas, representan una de las estrategias más efectivas de salud pública para disminuir la incidencia del cáncer.

 La prevención es un compromiso vital

En los últimos años, la oncología logró avances extraordinarios en diagnóstico molecular, inmunoterapia y medicina de precisión. Sin embargo, los especialistas coinciden en que ninguna innovación tendrá un impacto comparable al de ampliar el acceso a la prevención.

Vacunas, controles periódicos, programas de tamizaje y hábitos saludables siguen siendo las herramientas que más vidas pueden salvar. Porque, aunque no todos los cánceres pueden evitarse, hoy sabemos que una parte importante de ellos sí puede prevenirse o detectarse cuando todavía es posible curarlos.