Cáncer, imagen corporal y sexualidad: los desafíos invisibles del tratamiento

Cáncer, imagen corporal y sexualidad: los desafíos invisibles del tratamiento

El cáncer y sus tratamientos no solo impactan en el cuerpo desde lo médico. También atraviesan dimensiones profundas de la vida cotidiana, como la imagen corporal, la sexualidad y la intimidad. Estos aspectos, muchas veces silenciados, forman parte central del bienestar emocional y de la calidad de vida de las personas que transitan un diagnóstico oncológico.

Cirugías, quimioterapia, radioterapia y terapias hormonales pueden generar cambios visibles -como cicatrices, caída del cabello, aumento o pérdida de peso- y otros menos evidentes, pero igualmente significativos, como alteraciones hormonales, fatiga persistente o disminución del deseo sexual. Estos efectos, denominados por la American Society of Clinical Oncology como “efectos secundarios sexuales”, no solo afectan la respuesta sexual, sino también el estado de ánimo, la autoestima, el nivel de energía y la percepción del propio cuerpo.

Imagen corporal: duelo y reconstrucción

Para muchas personas, el tratamiento del cáncer implica despedirse del cuerpo conocido. Procedimientos como las mastectomías, ostomías o cirugías reconstructivas pueden generar un proceso de duelo por la imagen corporal previa, acompañado de inseguridad, enojo, tristeza o vergüenza.

Algunos cambios son transitorios; otros, permanentes. Algunos son visibles para el entorno; otros solo los percibe quien los atraviesa. En todos los casos, requieren tiempo y acompañamiento para ser elaborados. La imagen corporal -entendida como el conjunto de pensamientos, creencias y emociones sobre el propio cuerpo- puede verse profundamente afectada y, con ella, la forma de vincularse con los demás y consigo mismo.

Cuando el cuerpo y el deseo cambian

La sexualidad también puede verse alterada durante y después del tratamiento oncológico. Es frecuente la aparición de sequedad vaginal, dolor en las relaciones sexuales, disfunción eréctil, disminución de la libido o dificultades para excitarse. A estos cambios físicos se suman factores emocionales como el cansancio extremo, la ansiedad, la depresión o el miedo al rechazo.

Hablar de sexualidad sigue siendo, para muchas personas con cáncer, un tema tabú. Sin embargo, abordarlo de manera temprana y abierta permite prevenir la cronificación de los problemas y mejorar significativamente la calidad de vida.

El impacto en los vínculos

El cáncer también transforma la dinámica de las relaciones. Pueden aparecer miedos a la cercanía física, cambios en los roles familiares o dificultades para expresar afecto. Muchas veces, los temores más grandes no se verbalizan y quedan alojados en el silencio.

La comunicación abierta con la pareja es clave. Compartir inquietudes, temores y necesidades suele ser el primer paso para reconstruir una intimidad satisfactoria, entendiendo que esta no se limita únicamente al encuentro sexual, sino que también incluye el contacto emocional, el afecto y la complicidad.

Estrategias para el afrontamiento

Abordar estos desafíos invisibles es posible y necesario. Algunas estrategias fundamentales incluyen:

  • Comunicación: hablar abiertamente con la pareja y con el equipo de salud sobre los cambios físicos y emocionales.
  • Validación emocional: permitirse sentir y elaborar el duelo por las pérdidas corporales, buscando apoyo profesional cuando sea necesario
  • Acompañamiento especializado: la psicooncología puede ofrecer herramientas concretas para transitar estos cambios.
  • Adaptación y exploración: descubrir nuevas formas de intimidad, respetando los tiempos y ritmos de cada persona.

Reiniciar la vida sexual de manera gradual, escuchando al propio cuerpo y sin exigencias, es parte del proceso de reconexión con uno mismo.

No transitarlo en soledad

El cáncer puede afectar muchos aspectos de la vida, incluida la salud sexual y la intimidad, dimensiones estrechamente ligadas a la forma en que nos percibimos y nos vinculamos. Comprender que estos cambios son frecuentes y que no se está solo resulta fundamental.

El abordaje temprano por parte del equipo médico, junto con el acompañamiento psicológico y el apoyo de la pareja o del entorno, permite atravesar esta experiencia con mayor contención. Hablar de intimidad y sexualidad no solo mejora el estado de ánimo, sino que fortalece la autoestima y el bienestar integral.

En definitiva, se trata de resignificar el cuerpo: ese cuerpo que cambió, que atravesó tratamientos, y que también fue el que permitió seguir adelante. Sentirse orgulloso de él es parte del camino hacia una nueva forma de habitar la propia intimidad, durante y después del cáncer.